GRED-UNIBE

Grupo de Estudiantes de Derecho de la Universidad Iberoamericana

El rol de la sociedad civil en la democracia moderna

Escrito por:
Javier Cabral (Estudiante de Derecho, Comisión de Recursos WEB GRED-UNIBE)

2870207904_4f3a6cb1fc_o-1La democracia moderna, en mi idealista concepción, merece el establecimiento directo de una relación intrínseca con una orientación al modelo de democracia participativa. Digo esto, por la transición de los modelos de gobierno tradicionales a  modelos de gobierno democrático a nivel mundial, en especial en Latinoamérica (donde haré un énfasis especial), a mediados de la década de los 80, evidencia que la participación de los ciudadanos es determinante para ascensión de los dirigentes políticos al gobierno, estableciendo una relación de asociación colaborativa entre el Estado y los ciudadanos, manifestándose a través de las sociedades civiles.

Esta última noción establecida por Foley y Edwards en su artículo “The Paradox of Civil Society” en 1996, forma parte de una dualidad de conceptos de sociedad civil que ellos mismos establecen. La primera anteriormente expuesta, y la segunda una noción que indica que la sociedad civil se opone al Estado, algo que he desestimado, por el evidente funcionamiento entre sociedad civil y Estado en diversos Estados. Por ejemplo el caso del Estado sueco, cuyos informes de su Agencia de Desarrollo Internacional (ASDI),han demostrado que las sociedades civiles son un componente bastante importante en el desarrollo democrático de la sociedad, ejerciendo las funciones de activista para la organización independiente y procesos democráticos, generando confianza para fomentar la conducta de los ciudadanos hacia el poder y la responsabilidad.

En otro sentido, el Estado dominicano debe de fortalecer sus instituciones políticas, una meta que se antoja muy utópica con el ritmo actual de las estrategias políticas de nuestros funcionarios públicos. Sin embargo, atendiendo a la suposición del modelo democrático establecido en nuestra Nación, la sociedad civil, debido a su grado de independencia, su funcionamiento organizacional y la consigna de objetivos propios, puede y debe suplir la ineficiencia de las institucionales del Estado, aunque esto último no sea lo ideal. En otros países de Latinoamérica donde la etapa de transición a la democracia ya aconteció como expliqué en el párrafo anterior, se ha sobrepuesto una segunda etapa considerada como la consolidación. En este aspecto el rol de la sociedad civil ha sido determinante, siendo este, a mi entender, el verdadero ideal debido a que si se considerara que la agrupación de los sectores populares mediante una organización de sociedad y a su vez su funcionamiento estuviera orientado al interés social podrían verdaderamente realizar cambios en la política de Estado. Por otra parte, existe una condición establecida por Linz y Stepan en 1996 de que esta sociedad civil debe de accionar de manera moderada, cumpliendo ciertas reglas y claramente separada de la sociedad política. Otros expertos entienden que la sumisión a ciertas reglas del Estado por parte de la sociedad civil, impiden que ésta pueda formular demandas y cambiar con notoriedad el ámbito político, como sacrificio para seguir manteniendo un orden democrático, algo que a mi parecer es absurdo porque si entendemos que la democracia en un sentido estricto, nos da la facultad de elegir, cambiar y renovar a nuestros representantes, y más modernamente, el exigirles el cumplimiento de nuestras garantías del cumplimiento de nuestros derechos individuales mediante nuestra participación, es ilógico que demandando el cumplimiento sinalagmático perfecto de nuestro contrato social, las sociedades civiles atenten contra el mismo orden que intentan proteger, del formalismo tácito y simple que no contenga más que la apariencia de “Estado democrático” de una determinada Nación. Si lo enfocamos en un aspecto más trascendental, autores como Norbert Lechner, han hecho un claro énfasis en que el régimen democrático de Latinoamérica es sumamente débil y la presentación del mismo es puramente de formalidad, es decir, que el Estado adopta una postura democrática de apariencia, y no cumple con lo establecido en la Constitución, atentando al verdadero estado de democracia que debería imperar.

Finalmente, de manera breve entiendo que el rol de la sociedad civil debe manifestarse siendo el motor que impulsa la denuncia del clientelismo político, la ineficiencia estatal y el favoritismo a los sectores burocráticos. De igual manera, son los ciudadanos quienes deben de fortalecer su sociedad a través de su participación en la misma, para no caer en el distanciamiento con el funcionamiento del Estado. El fortalecimiento de la sociedad civil representa la orientación al debido cumplimiento de nuestras prerrogativas.

Referencias:

  • Cohen, Jean y Andrew Arato. 2000. Sociedad civil y teoría política. Ciudad de México: Editorial FCE.
  • Flisfich, Ángel. 1982. Notas acerca de la idea del reforzamiento de la sociedad civil. Buenos Aires: Ed. CLAEH
  • Linz, Juan y Andrew Stepan. 1996. “Toward Consolidated Democracy”. Journal of Democracy, No. 7, febrero.
  • Miorelli, Romina. 2001. “Sociedad civil y democracia: entre contestación y consolidación”. Perspectivas Latinoamericanas del Tercer Sector . Buenos Aires.
  • Navarro, Roberto. 2004. “Estado, Democracia, Sociedad Civil y Desarrollo”. Observatorio de la Economía Latinoamericana, No. 30, septiembre.

Publicado por: El autor

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en septiembre 6, 2009 por en Democracia y etiquetada con , , , , , .
A %d blogueros les gusta esto: